sábado, 31 de marzo de 2012

La Protesta Global

Malestar profundo contra la exclusión y la tiranía.

Un Tsunami social recorre el mundo y ni los Estados Unidos de Norteamérica se salvan de esta protesta global, que tiene diferentes causas sociales, económicas y culturales, pero que tienen en común la indignación de los ciudadanos del mundo contra la injusticia social, la corrupción, el nepotismo y la tiranía.

Y no es el pensamiento de algún joven dirigente político “iluminado”, el que guía la protesta, sino las tesis centrales del pensamiento político de Stéphane Hessel quién a sus 93 años, publica el libro titulado “¡Indignez vous!,” en el que invita a los jóvenes de todo el mundo, pero en particular a los europeos, ahogados por la crisis financiera y la falta de empleo, a rebelarse contra las injusticias. Algunas de sus tesis encarnan el sentimiento y las razones de estas protestas: 

  • “Pero en este mundo todavía hay cosas intolerables. Para verlas, es bueno y necesario mirar, buscar. Le digo a los jóvenes, busquen poco y eso es lo que van a encontrar. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir ’No puedo hacer nada contra eso. Ya me las arreglaré para salir adelante’. Por incluirte a ti mismo en esto, pierdes uno de los elementos que hacen al ser humano: la facultad de indignarse y el compromiso que es una consecuencia de lo primero…
  • “El pensamiento productivista, impulsado por Occidente condujo al mundo a una crisis de la que debe salir a través de una radical ruptura con el concepto de "crecer" no solo en el campo financiero sino también en el dominio de las ciencias y la tecnología. Ya es el momento de que las preocupaciones acerca de la ética, la justicia y el equilibrio duradero (económico y medio ambiental) prevalezcan. Porque son los riesgos más serios que nos amenazan. Ellos pueden poner fin a la aventura humana en el planeta, que puede llegar a ser inhabitable para los humanos…”Ayer como hoy la voz del más viejo y sabio de la tribu, nos alerta sobre los peligros que asechan a la humanidad si permanecemos impávidos e indiferentes ante el desarrollismo y el enriquecimiento a ultranza, no importando a que precio tenga que pagarlo la humanidad. A las multinacionales del petróleo, el carbón, la madera, el oro, no les importa el calentamiento global, ni el efecto de invernadero, no les importa contaminar los ríos y los mares con químicos, no les importan sino sus fabulosas ganancias.


La protesta social, traducida en marchas, movilizaciones, concentraciones y la utilización masiva de las redes sociales son algunas de las formas legítimas para defender nuestros derechos como ciudadanos y en Europa, Asia y Norte de África, nos dan ejemplo de ello. La primavera árabe, como se ha llamado la rebelión en los países del medio oriente y Norte de África, como Libia, Siria, Túnez, Egipto, Yemen, Irak, Irán, Argelia y Jordania por nombrar los más importantes, han producido la caída de varios gobiernos dictatoriales y corruptos; en Europa el desempleo, la carestía y la corrupción de los gobiernos, son “la chispa que incendió la pradera,” y no paran desde hace 2 años las protestas ciudadanas. En los Estados Unidos de Norteamérica, el movimiento se inicio el 17 de septiembre del 2011 y se llamó “Occupy Wall Street” y las consignas de su movimiento, denuncian la avaricia corporativa y el poder omnímodo de los agentes financieros y la evasión de los impuestos del 1% más rico de la población.

Dice el dicho popular que: “No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista”, y esto ha pasado con las dictaduras árabes, corruptas y autocráticas que por décadas han empobrecido al pueblo y lo han martirizado. Hoy no solamente en el oriente medio, sino también en Europa, Asia y África, se levantan airadamente una y otra vez contra la injusticia social, la corrupción y la tiranía; mucha sangre ha corrido por cuenta de la represión bárbara e inmisericorde de estos “reyezuelos” que se creen como en antaño los esclavistas, los dueños de la vida, honra y bienes de un país. 

A nuestros gobernantes latinoamericanos le convendría reflexionar sobre este fenómeno social y político, porque desde Centroamérica hasta la Patagonia reviven los movimientos estudiantiles por más y mejor educación a cargo del Estado; las huelgas obreras por empleo estable, mejores salarios y prestaciones sociales; las protestas populares contra la carestía, los malos y caros servicios públicos y por un eficiente servicio público de transporte; los campesinos e indígenas luchan por la tierra y contra las multinacionales que los quieren desplazar del suelo donde han vivido por cientos de años. Ha llegado la hora de pagar la deuda histórica y social que tienen las oligarquías del continente Americano, para con el pobre, el marginado, el oprimido; es la hora de la justicia social, que es la base de una democracia real.

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