UNA APUESTA POR LA PAZ.
El pasado martes 9 de abril, estamentos
gubernamentales y civiles convocaron en todo el país, a una marcha ciudadana
para apoyar los diálogos y procesos de Paz que se adelantan en la Habana, con
las FARC-EP. En muchas ciudades, la participación fue masiva, pero en otras, no
tanto, lo que nos da un indicador de que los colombianos tenemos todavía, muchos
recelos, temores y desconfianza, frente al proceso. La pregunta es por qué? Una
primera respuesta es que indudablemente todavía está muy fresco en la memoria
el fracasado modelo de paz del Caguán, ensayado por el gobierno de Andrés
Pastrana.
Pero los colombianos debemos entender que a
la Paz se llega con muchos intentos de ensayo y error; que no es fácil superar
50 años de enfrentamientos; que son muchos los engaños que han sufrido ambas
partes en los anteriores intentos de cerrar este ciclo de violencia fratricida
y que probablemente las condiciones materiales, políticas y sociales no estaban
dadas como hoy para culminar exitosamente el proceso.
La realidad del presente, nos dice que los
actores del conflicto tienen voluntad de paz, que tienen claro que no habrá
triunfo militar de un bando sobre el otro, que el contexto internacional ha
cambiado y es favorable a la salida negociada. Señalemos además que los
civiles, están hastiados de la guerra y apoyan decididamente este proceso que
nos puede llevar a vivir en un país mejor.
Se ha derrotado la indiferencia frente al conflicto, pero debemos
proseguir en la tarea de explicar y convencer a nuestros compatriotas, de los significados y sentidos del proceso de
paz, porque en últimas será el pueblo el que refrende con su voto los acuerdos
logrados en la Habana.
Empecemos por responder la siguiente
pregunta, para referenciar las posturas
de los que están en contra del proceso de paz:
¿A quiénes
beneficia y a quiénes perjudica lograr un acuerdo negociado del conflicto?
Beneficia a
todos los que no tenemos negocios o intereses políticos generados a través del
conflicto armado. Perjudica a los que nos venden las armas y demás vituallas
propias de la guerra; a los que han conseguidos tierras, propiedades raíces y
jugosas cuentas bancarias en el exterior.
Beneficia, a
todos los obreros, campesinos, estudiantes, trabajadores, empleados públicos o
privados, en una palabra a todos los ciudadanos de a pie. El presupuesto que se
va para la guerra debe destinarse a la salud, la educación, la vivienda y demás
necesidades vitales de la población. Perjudica a militares de alto rango, a la
burguesía oligárquica, que no tendrá una disculpa en la guerra para seguir
atosigando de impuestos y negando las libertades civiles y ciudadanas.
Beneficia a
los partidos políticos de izquierda y a los sectores independientes, que ya no
serán estigmatizados como adalides de la lucha armada; que verán crecer sus
militantes y simpatizantes y en un día no muy lejano, llegar al poder.
Perjudica a los partidos políticos tradicionales, especialmente a la derecha
reaccionaria, que vislumbra con este acuerdo, la pérdida de su influencia
nefasta en los sectores populares, a los cuales ha reclutado con dádivas
económicas o con el “coco” del comunismo.
Pero tenemos
que ser conscientes, de que una firma de acuerdo para que cese el conflicto
político-militar con las FARC-EP, no significa la solución a todos los
problemas económicos y sociales que aquejan al país. No se van a acabar de la
noche a la mañana, la pobreza, el desempleo, la desigualdad social, la inseguridad,
los problemas de salud, la carencia de techo para los más pobres, la violencia
en el campo o el desplazamiento forzado de campesinos e indígenas a la ciudad. La
verdadera dimensión de este proceso de PAZ, es entenderlo como una concertación
político-militar, con la guerrilla más grande de Latinoamérica, la mejor armada
y la que más recursos económicos cuenta y que por lo tanto tiene una capacidad
inmensa de crear zozobra en campos y ciudades, de parar las veces que quieran
la extracción del petróleo, fuente vital para la economía del país y de
desestabilizar los procesos democráticos. Por todo ello, es importante y clave
este acuerdo de Paz, que enrumbará al
país por las sendas del
crecimiento y la democracia.
Este marco
teórico que da respuesta a la pregunta, sobre la conveniencia o no, de la firma
de un tratado de Paz con la FARC-EP, nos da respuesta también a los sectores
independientes o de izquierda, sobre la necesidad de apoyar este proceso. Las
manecillas del reloj, están señalando la hora de sobreponer nuestras
diferencias políticas con los sectores independientes, progresistas y
demócratas de todos los partidos, para construir una corriente arrolladora en
pro de la paz de Colombia no importa que juan Manuel Santos, sea quién hice esta
bandera, en este momento. Tampoco importa que
recoja en las próximas elecciones el fruto de esta cosecha, si cumple bien esta
tarea, se lo merece. La izquierda colombiana ha ganado espacios de
gobernabilidad en el país, pero de pronto no son suficientes en este momento
para que el pueblo nos premie con el poder de la jefatura máxima del Estado. El
trabajo político, la paciencia y el tesón que ha mostrado la izquierda de los
países vecinos, que llevó por ejemplo a Lula da Silva al poder en Brasil, Chávez en Venezuela, Correa en el
Ecuador, Evo Morales en Bolivia, o a José
Mujica en Uruguay nos están mostrando el camino seguro, por el cual puede
caminar Colombia en los próximos años.
