EL VALOR DE EDUCAR
“La educación es sin duda el más humano y humanizador de todos los empeños”
Fernando Savater
Vivimos a nivel mundial una profunda crisis económica, política y social acompañada del desmoronamiento de los valores éticos y morales: los movimientos de protesta ciudadana en el medio oriente, llamada la “Primavera árabe”, para derrotar dictaduras dinásticas corruptas, que llevaban hasta 40 años en el poder, el movimiento de “los indignados” en los países europeos y las grandes movilizaciones en América Latina de estudiantes, campesinos y trabajadores en pro de mejores condiciones de vida y de trabajo digno y estable, nos están mostrando el camino a los educadores para perseverar en nuestro empeño de educar en una ética ciudadana, cuyo norte es la formación de hombres libres y comprometidos con el bien común.
Nuestro país también merece una mejor suerte, un país no puede seguir siendo torturado por la violencia, la corrupción y la mediocridad de los gobernantes y la educación abandonada al garete de políticas educativas que buscan satisfacer la calificación de una mano de obra barata y calificada. Nuestra obligación como educadores es liberarnos de ese lastre y priorizar la educación política de nuestros educandos, que en esencia es decirles y mostrarles con el ejemplo que si bien es cierto que hay razones para obedecer, también existen muchas veces las razones para sublevarse.
Como educadores en ciencias sociales, tenemos especiales obligaciones en la formación de las nuevas generaciones; además de “revivir” la historia y señalar la diversidad y belleza de los continentes y el universo, debemos enfocar nuestros esfuerzos a formar ciudadanos activos, autónomos y responsables desde el punto de vista ético y político.
Pero con los valores ciudadanos ocurre algo parecido a lo que ocurre con los mandamientos de la ley de Dios, todo el mundo se los sabe pero muy pocos los practican en su integridad: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la justicia, la tolerancia, la integridad o la honradez son valores que no son para recitarlos de memoria, son para vivirlos y practicarlos incorporándolos en nuestra vida cotidiana y como dice Adela Cortina en su ensayo: “educación en valores y responsabilidad cívica”:
"Nadie puede paladear por otro la superioridad de la libertad frente al servilismo y el vasallaje. Nadie puede degustar por otro el sabor de la justicia. Nadie puede calibrar por otro la fuerza felicitante de la solidaridad. La cata de la integridad, del respeto y de la honradez es personal e intransferible, en su degustación no hay posibilidad de nombrar representantes, menos aún de nombrar comisiones.”
Es por eso que una propuesta de formación en valores éticos y ciudadanos requiere no solo de un proyecto teórico, sino también de un proyecto vivencial.
El educador de hoy está viviendo en carne propia todas las vicisitudes del entorno violento y amenazador de sus comunidades. A su labor cada día se le agregan nuevas obligaciones y se le cercenan sus derechos laborales; los rectores adoptan actitudes desconsideradas y muchas veces despóticas y crueles. Qué hacer? No es la única tarea, pero si una de las más importantes: trabajar unidos en la democratización de la Institución, con los mecanismos que establece la ley, pero también con nuevas y renovadas iniciativas que fortalezcan el diálogo, el buen trato, el liderazgo de los jóvenes y con proyectos lúdicos, deportivos y artísticos. Manos a la obra educadores… que nuestro cercano retiro de la docencia, no implique dejar de pensar y luchar por transformar la realidad y construir una sociedad más justa.
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